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31-01-2020

Las baterías de los coches eléctricos

Se podría decir que el principal elemento de un vehículo eléctrico es la batería, de hecho de ella depende la autonomía del coche. La batería es la encargada de almacenar la electricidad, la cual será transmitida al motor para hacer funcionar el coche. Para entender cómo funciona una batería, vamos a contarte las características que la forman:

Densidad energética (Wh/kg): identifica la energía que almacena y suministra la batería en kilovatios por hora. Cuanto mayor sea la densidad, mayor autonomía.

Potencia (W/kg): es la capacidad de proporcionar potencia en el proceso de descarga. Cuanto mayor sea la potencia, mayores prestaciones tendrá el vehículo.

Eficiencia (%): es el rendimiento de la batería, la energía que realmente aprovecha. 

Ciclo de vida: son los ciclos completos de carga y descarga que soporta la batería en su vida útil. Cuantos más ciclos, más tiempo va a durar la batería.

¿Qué tipos de batería para coches eléctricos existen?

  • Batería de plomo-acido: es la batería más antigua y la más utilizada en vehículos convencionales. Su bajo coste las hace ideales para las funciones de arranque, iluminación o soporte eléctrico, siendo utilizadas como acumuladores en vehículos de pequeño tamaño. Pero su peso excesivo, la toxicidad del plomo y su capacidad lenta de recarga provoca que se estén dejando de utilizar para los motores eléctricos. 
  • Batería níquel-cadmio: este tipo es bastante utilizado, pero debido a su alto coste de adquisición hace que no sea la solución más idónea para los fabricantes de coches. Están más orientadas a aviones, helicópteros o vehículos militares, dado su gran rendimiento a bajas temperaturas. Poseen efecto memoria, por lo que su capacidad se ve reducida con cada recarga.
  • Batería níquel-hidruro metálico: los fabricantes de vehículos híbridos suelen optar por estas. Son similares a las de níquel-cadmio, pero mejoradas, ya que reducen el efecto memoria y son menos agresivas con el medio ambiente. Como punto negativo, necesitan un constante mantenimiento y se deterioran con más facilidad ante altas temperaturas o altas corrientes de descarga o sobrecargas.
  • Batería Ion-litio (LiCoO2): estas baterías son de reciente creación. Tienen el doble de densidad energética a pesar de ser más pequeñas y son consideradas una de las mejores soluciones para vehículos eléctricos, gracias a su alta eficiencia y a su mayor ciclo de vida. Sus principales desventajas son, no obstante, su alto coste de producción, aunque poco a poco este se va reduciendo, y su fragilidad, por eso deben ser almacenadas con mucho cuidado y procurando que estén siempre en un ambiente frío como.
  • Batería Ion-litio LiFePO4: este tipo de batería es parecida a la anterior, con la diferencia de que no usa el cobalto, por lo que tiene una mayor estabilidad y seguridad de uso. Otras ventajas son un ciclo de vida más largo y una mayor potencia. Como inconvenientes a destacar su menor densidad energética y su alto coste.
  • Batería Polímero de litio: es otra variación de las Ion-litio que cuenta con algunas mejoras como una densidad energética mayor y una potencia más elevada. Son ligeras, eficientes y no tienen efecto memoria. En cambio, su alto coste y bajo ciclo de vida hacen de estas baterías, con aspecto “blando”, una opción no muy extendida en la actualidad.
Con independencia del tipo de batería que lleve un vehículo eléctrico, te recomendamos que aceleres con suavidad para no acelerar el desgaste innecesario de la batería, elige un modo de conducción ecológico y aprovecha tanto como puedas el sistema de retención del vehículo para alargar la autonomía, por ejemplo, anticipando las paradas levantando el pie del acelerador.

Te aconsejamos que eches un vistazo a nuestro artículo cómo es un coche eléctrico para que conozcas más sobre este. Y, si te convence, averigua qué debes hacer para instalar un punto de carga en el garaje.